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El arte de defender el arco desde el agua

La portería del polo acuático exige una mezcla rara de calma y explosión. Repasamos qué hace especial a quien custodia ese rectángulo flotante.

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El arte de defender el arco desde el agua

Defender el arco en el agua no se parece a ninguna otra portería del deporte. No hay suelo firme para empujar, no hay un salto convencional: todo nace de las piernas que sostienen el cuerpo por encima de la superficie y lo proyectan hacia arriba en el instante exacto.

La posición exige leer el cuerpo del lanzador antes de que el balón salga de su mano. Un buen guardameta no reacciona al disparo, lo anticipa: observa la cadera, el hombro, la inclinación de la muñeca, y decide hacia dónde abrir los brazos.

La parte mental es tan importante como la física. Recibir un gol y volver a concentrarse en segundos, sin arrastrar el error, es una habilidad que se entrena tanto como el batido de piernas.

Por eso quienes ocupan ese lugar suelen tener una serenidad particular: viven el partido desde una soledad distinta, con la mirada puesta en todo el campo y la responsabilidad de ser la última palabra de la defensa.

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